Un relato magníficamente hilvanado, ambientado en el mundo de los mafiosos rusos de primera generación afincados en Londres. Bastante descarnada y llena de compasión para con la condición humana, Promesas del Este pasará sin problema a figurar entre las mejores películas de David Cronenberg.

Un relato magníficamente hilvanado, ambientado en el mundo de los mafiosos rusos de primera generación afincados en Londres. Bastante descarnada y llena de compasión para con la condición humana, Promesas del Este pasará sin problema a figurar entre las mejores películas de David Cronenberg. Lo mismo puede decirse de Viggo Mortensen, cuya interpretación, que rezuma control y contención, recuerda el trabajo magnético de los grandes de Hollywood de antaño. Esta película gustará, seguramente, a los fans del director, y sin duda también será vista por un público especializado bastante grande. También tiene suficiente intriga y sangre y tripas como para que Focus pueda soñar con llegar a un público incluso más amplio.

La historia, que transcurre casi íntegramente entre Navidad y Año Nuevo, empieza con dos muertes y un nacimiento. La primera víctima es sangrientamente degollada; se trata de un trabajo impecablemente llevado a cabo por la mafia rusa. La segunda es una chica rusa que fallece en el parto. La comadrona que la asistía, Anna, (Naomi Watts) recoge, sin más, el diario de la chica, y se lo lleva a casa.

A partir de un arranque tan sugerente, el guionista Steve Knight (“Dirty Pretty Things”) elabora y lleva la historia de una manera absolutamente magistral. Anna, que acaba de romper con su novio, vive ahora con su madre, (Sinead Cusack), y con el hermano de su difunto padre – ruso – Stepan, (Jerzy Skolimowski) que no está en sus cabales. Anna encuentra en el diario de la chica que acaba de morir una tarjeta de visita de un restaurante ruso del barrio y decide acudir al local con la esperanza de encontrar a alguien que le traduzca el diario, que está escrito en ruso, para así saber algo de la recién fallecida.

El local, cálido y acogedor, pertenece a un tal Semyon (Armin Mueller-Stahl), un caballero con una voz suave y unos brillantes ojos azules, y muy gentil aunque un tanto especial en lo que al diario se refiere. No resulta difícil discernir que el viejo Semyon es el jefe de la vory v zakone, o sea, la mafia rusa, y que su restaurante es el cuartel general desde el cual dirige las operaciones. Está detrás del primer asesinato y tiene en nómina a su hijo volátil Krill (Vincent Cassel), que bebe demasiado, y a Nikolai, (Mortensen) apuesto, elegante y discreto, que hace, sobre todo, las veces de chófer, pero a quien no le tiembla la mano a la hora de hacer algún trabajo sucio si surge la necesidad.

El diario de la recién fallecida revela demasiado sobre las actividades criminales de Semyon, sobre cómo, con promesas de trabajo, consigue atraer de su Rusia natal a jóvenes susceptibles, para convertirlos, cuando llegan, en prostitutas y yonquis. Y también revela demasiado sobre las fechorías de Krill. Muy sucio todo… Semyon encarga a Krill, que ha manifestado, muy discretamente, su interés por Anna, que dé “el tratamiento adecuado” a su tío Stepan, que ha leído el diario y que no tiene ningún reparo en andar diciendo que él, antes, trabajaba con la KGB.

En esta historia de Knight, tan excelentemente hilvanado por Cronenberg, con un ritmo muy acertado, las insinuaciones, sospechas y amenazas crecen y se enredan fotograma tras fotograma. Cuanto más impresiona a Semyon la eficacia de Nikolai, tanto menos confía en su hijo desvariado. Toca todos los temas – la enemistad ruso-chechena, las viejas cárceles soviéticas, caldo de cultivo de criminales, la capacidad de Scotland Yard de afrontar realmente estas bandas inmigrantes – sin, en ningún momento, menoscabar el enfoque sobre el drama humano.

En la última parte de la cinta surgen giros muy buenos y se producen acontecimientos inesperados y a cual más sutiles, además de un momento dramático realmente asombroso, una pelea hasta la muerte entre dos asesinos armados ambos con cuchillos, y un Nikolai desnudo en una vieja casa de baños de Londres. Es la única vez que Nikolai no está preparado para lo que está pasando, y la lucha parece tan feroz, con una violencia de un realismo tan descarnado, que quita el aliento.

En otra secuencia, menos vistosa, pero no menos fascinante, Nikolai es entrevistado por la jerarquía de la mafia para determinar si merece ser ascendido en la organización, trámite que queda formalizado con el tatuaje de estrellas en el cuerpo. Se dice que a los mafiosos rusos les gustan las viejas casas de baños porque el estatus de un hombre se mide según los tatuajes que lleve en el cuerpo.

Las sorpresas y revelaciones siguen hasta el final, un final muy satisfactorio; puede que Cronenberg no haya hecho hasta la fecha una película con un tono y un nivel de control tan sostenidos. La presencia de un elenco de actores internacionales tan diversos – todos brillante y acertadamente elegidos – ayuda mucho en este sentido. Watts no tiene secuencias particularmente vistosas, lo cual no le impide exhibir una fluidez emocional que despierta inmediatamente la empatía.

Cassel está excelente, interpretando de maravilla a alguien que pierde el control, – cosa nada sorprendente – al mismo tiempo que transmite la inseguridad de Kirill, sin hablar de los sentimientos de violencia contenida que tiene hacia Nikolai. Quizá Mueller-Stahl pudiera parecer a priori el candidato menos adecuado para hacer de jefe mafioso ruso, pero resulta cautivador con su autoridad tranquila, mientras el director polaco, Skolimowski, ha sido todo un acierto para el papel pivote del tío viejo y gruñón.

Pero ésta es, sin lugar a duda, la película de Mortensen, a quien vemos progresar, desde su último trabajo con Cronenberg en “A History of Violence”, hasta esta interpretación cautivadora de un hombre observador, parco en palabras, que siempre espera su momento, que nunca exterioriza demasiado, y que, en un momento dado, dice, enigmáticamente, “Vivo siempre en la zona”. En el contexto, tiene sentido.

Rodada íntegramente en Gran Bretaña, Promesas del Este es una película muy bien elaborada por las manos diestras de Cronenberg, con la ayuda de un director de fotografía de una trayectoria muy larga, Peter Suschitzky, con Carol Spier como diseñadora de producción, con Dense Cronenberg como figurinista, y con Ronald Sanders como montador. La música de Howard Shore aporta lo suyo al sentido de misterio e intriga.

Promesas del Este

Reino Unido-Canadá

Production

Focus Features (en E.E.U.U.), presenta, en asociación con BBC Films, una producción de Kudos Pictures/Serendipity Point Films, en asociación con Scion Films, Astral Media, Cosros Entertainment y Telefim Canada. Producida por Paul Webster, Robert Lantos. Productores ejecutivos, Stephen Garrett, David M. Thompson, Jeff Abberley, Julia Blackman. Co-productor, Tracey Seaward. Dirigida por David Cronenberg. Guión, Steve Knight.

Crew

Cámara (Deluxe color), Peter Suschitzky; montador, Ronald Sanders; música, Howard Shore; diseño de producción, Carol Spier; supervisor de dirección artística, Nick Palmer; director de arte, Rebecca Holmes; decorador, Judy Farr; figurinista, Denise Cronenberg; sonido (Dolby Digital/DTS), Stuart Wilson; supervisores de sonido, Wayne Griffin, Michael O'Farrell; ayudante al director, Walter Gasparovic; casting, Deirdre Bowen, Nina Gold. Vista en el Festival de Cine de Toronto (Gala), 8 de septiembre de 2007. Rating de la MPAA: R Duración: 100 minutos. (Diálogos en inglés y ruso)

Cast

Nikolai -- Viggo Mortensen Anna -- Naomi Watts Kirill -- Vincent Cassel Semyon -- Armin Mueller-Stahl Helen -- Sinead Cusack Azim -- Mina E. Mina Stepan -- Jerzy Skolimowski Yuri -- Donald Sumpter

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