San Sebstian incluye una veintena de estrenos mundiales

Como parte de un gran paquete de festivales de categoría, diseñado, cualquier diría, para que los periodistas sigan atentos a las cosas al volver de sus vacaciones, San Sebastián ha tenido de trabajar duro para conservar su identidad propia.

Como un musculoso hermano trasatlántico decidido a establecer su superioridad sobre su hermano europeo menos agresivo, Toronto presenta cada año docenas de películas internacionalmente inéditas antes de que empiece San Sebastián, y el festival español tiene que usar toda su astucia vasca para confeccionar algo especial a partir de lo que queda.

En lo que a la sección oficial se refiere, lo que queda quizá sea menos en comparación con el año pasado en lo que se refiere a los estrenos internacionales, pero aun así sigue presentando una amplia muestra de películas de calidad que combinan un toque de radicalidad con destreza, junto con la tradicional apuesta del festival por lo español y lo latino. Si miramos a todas las secciones en su conjunto, hay más de 20 títulos que se van a proyectar por primera vez en el mundo.

“Pueden variar los estilos de las películas,” explica el director del festival Mikel Olaciregui, “pero en su sustancia, les unen las preguntas que plantean sobre las cuestiones existenciales que afronta el hombre del siglo XXI.

Y la mujer también.

Bueno, bien es cierto que “Promesas del este” de Cronenberg, y “Mil años de oración” de Wayne Wang, que compiten en San Sebastián, ya han tenido su estreno internacional en Canadá, pero también es la primera vez que dos mujeres españolas – dos de las tres grandes directoras del cine español – optan a la Concha de Oro.

Iciar Bollaín, una especie de Ken Loach hispánica, con su visión sin medias tintas de las costumbres actuales, llega al festival con su muy esperado cuarto largometraje “Mataharis” después de “Te doy mis ojos”. Se trata de una película sobre cuatro mujeres detectives que descubren la verdad sobre si mismas. Gracia Querejeta aporta el bien hilvanado drama titulado “Siete mesas de billar francés”, protagonizado por Maribel Verdú.

Y hay otra mujer que destaca en la sección oficial, la argentina Anahi Berneri, con su segundo largometraje “Encarnación”, en la que una actriz de mediana edad vuelve a su pueblo natal para afrontar unas cuantas verdades fundamentales. Aparte de Bollain y Querejeta, fuera de la sección “Made in Spain”, que presenta quince trabajos de directores españoles realizados en los últimos meses – entre ellos el multiptrmiado “Yo”, de Rafa Cortés, y “La soledad”, el admirable estudio del aislamiento de las mujeres llevado a cabo por Jaime Rosales, hay pocos directores españoles.

“Para las películas europeas siempre es difícil romper las barreras de la distribución internacional,” dice Olaciregui. “San Sebastián puede ayudar en ese sentido.”

Los trabajos de otros directores domésticos pueden verse en Zabaltegi – Nuevos Directores: el debut de Diego Fandos, “Cosmos”, una fantasía alegórica sobre un niño español que intenta salvar a un cosmonauta, y “La torre de Suso”, de Tom Fernández.

Olaciregui hace hincapié en esta alta incidencia de debutantes. “Se ve el éxito de un festival a los cinco años,” dice. Walter Salles e Isabel Coixet, – la tercera de las tres principales directoras españolas -, se dieron a conocer en San Sebastián. “El descubrimiento de nuevo talento es un índice de éxito. Ésta es la función cultural del festival.”

Los otros grandes festivales europeos tradicionalmente han dado la espalda al cine en idioma español, sobre todo al cine español. Desde la introducción de la sección Horizontes Latinos – cada vez más prestigiosa – San Sebastián se ha convertido en el mayor escaparate para películas latinoamericanas.

Películas que seguro darán que hablar en esta edición son el debut del director argentino Pablo Fendrik, “El asaltante”, sobre un día de trabajo en la vida de un hombre cincuentón; “Párpados azules”, la mirada bastante original de Ernesto Contreras sobre el amor y el romance, y la segunda película de Ana Katz, la comedia irónica “Una novia errante”, en la que la heroína va buscando al hombre que la abandonó al principio de un fin de semana romántico.

En Cine en Construcción, posibles producciones sobresalientes incluyen “Gasolina”, del guatemalteco Julio Hernández Colón, que forma parte de la incursión de Buena Onda en la producción cinematográfica en América Central, y “Una semana solos”, de Celina Murga, otra promesa femenina en lengua española.

¿Y qué hay del futuro del festival?

Ciertos sectores de los medios, como sabe bien Olaciregui, se quejan de la falta de glamour. “El festival es lo que es. Si tenemos un déficit en cuanto a nuestra capacidad de atraer a grandes estrellas, habrá que rectificarlo, pero sin comprometer los valores del festival.”

Pero el factor glamour, dice Olaciregui, sólo forma parte “del delicado equilibrio”, que tiene que conseguir un festival de éxito entre cine de calidad cuyo perfil el festival ayuda a mejorar, accesibilidad, y las estrellas. “No se trata simplemente de tallas y números.”

Y no hay que engañarse. San Sebastián, a pesar de – o a lo mejor gracias a – sus restaurantes que figuran en las guías Michelín y a sus fiestas, tiene una importancia industrial. Las grandes agentes de ventas europeos – Wild Bunch, Bavaria, The Match Factory – acuden al festival para ver in situ las reacciones del público. Sogepaq lleva a sus amigos de negocios a cenar al casco viejo. Y la proliferación de títulos latinoamericanos en todas las distintas secciones del festival tiene una lógica industrial.

Con la caída del mercado español de salas de cine, los productores españoles y latinoamericanos necesitan juntar esfuerzos para producir los directores que pueden acumular ventas, por pequeñas que sean, en buena parte del mundo.

“El talento y el mercado internacional son clave para las películas que yo hago,” dice José María Morales, de Wanda Visión, productor habitual de auteurs latinoamericanos como Carlos Sorín, Daniel Burman, Fernando Pérez, Lucia Puenzo y Claudia Llosa.

“Bombón, el perro”, de Sorín, recaudó sólo alrededor del 20% de total de sus ingresos en España. Muchos acuerdos hispano-latinoamericanos cuajan o se sellan en San Sebastián. Así que si ves a productores en restaurantes como Arzak, Akelarre o Nicolasa, no creas que estén allí sólo por el bacalao al pil-pil.

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